Pena de muerte de Sister Helen Prejean.

La hermana Prejean nos relata en este libro sus primeros pasos en el oscuro mundo de los corredores de la muerte, en los que presidiarios condenados a la pena capital esperan su hora. El sistema legal de algunos de los estados de Estados unidos permite dicha práctica, en teoría para los casos más claros y cruentos. Sin embargo a partir de las conversaciones de la religiosa con autoridades, abogados, periodistas e incluso con los mismos reclusos, nos desvela que la pena de muerte es aplicada de una forma casi arbitraria. Como norma general los más pobres son los que terminan en el corredor de la muerte, debido a que los abogados que les son asignados (siempre de oficio) no son capaces de llevar la causa de un modo competente. Ya sea por desconocimiento del procedimiento legal o por acumulación de casos.

Tras una vida dedicada a servir a dios y sobre todo ayudando a los más necesitados en los barrios marginales de Louisiana, la hermana Prejean se empieza a cartear casi por casualidad con uno de los condenados. A partir de este momento se convertirá en la consejera espiritual de Pat Sonnier, asesino por partida doble que espera su ejecución desde hace cuatro años. En los dos años siguientes ambos llegarán a ser amigos, hasta que llega el día en que Pat debe pagar sus crímenes en la silla eléctrica. Las convicciones religiosas y el sentido común le dice a Prejean que no se debería haber llegado hasta este punto. La lucha que ha mantuvo por salvar de la silla a Pat, la perpetuará a partir de entonces con varios condenados, como Robert Willie, al que también acompañará en todo el proceso.

El objetivo es claro: Los criminales han de pagar por sus crímenes, pero no con su propia vida.

”


El libro en si es una declaración en defensa de la vida. Nadie, por mucho daño que haya podido ocasionar merece la muerte a manos de otro. Las dudas que se crean sobre quién debe o no ser ajusticiado son inmensas, sobre todo teniendo en cuenta que los que llegan a la fase final de la condena a muerte, no por el delito que han cometido, sino porque no han tenido la ayuda legal o los recursos para salvarse. Se deja entrever las conveniencias políticas que hay en algunos estados para que se llegue a este último estadio de la condena. Antes morirá un hombre de color sin recursos por matar a un hombre blanco, que un hombre blanco con mucho dinero por matar a cien personas ya sea de la raza que sea.

La hermana Prejean, deja por escrito la hipocresía de los organismos oficiales y del público americano en general, que se mueve más por la ignorancia y el miedo. Como indica al comienzo de libro, las páginas que se van a leer están llenas de dolor, de las víctimas y de sus familias, pero también de las familias de los presos y de las personas que valoran la vida humana por encima de todo. También deja constancia de la lucha que lleva a cabo para defender los derechos fundamentales. En todo el libro se hacen alusión a docenas de citas, datos y medios de comunicación que deja un apéndice lleno de referencias para profundizar en los temas.

Se realizó una adaptación cinematográfica en 1995 con Susan Sarandon (que se llevó el Oscar ese año por este trabajo) y Sean Penn (nominado) dirigida por Tim Robbins (también nominado). En ella se relata el caso de un presidiario que se parece al Pat Sonnier del libro, auqnue se cambian algunos datos, como que por ejemplo es ejecutado mediante inyección letal en vez de en la silla eléctrica. Una película muy emotiva y que trata el tema con la crudeza necesaria para que no deje al espectador indiferente.

El título original de la obra es Dead Man Walking, que hace alusión a un comentario que hizo, hace varias décadas, un guardia de San Quintín cuando en un paseo del condenado a muerte se refirió al él diciendo “Mira, un cadáver que anda”. Os dejo el enlace a la biografía de la hermana Helen Prejean y el de su página web.

Primera Edición: 1993
Páginas: 430
Nota:

Nos leemos en el siguiente capítulo.

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